El proyecto más inmediato del Colegio Vasco Navarro, pero particularmente de la Delegación de Navarra, es tener una relación más cercana con los colegiados. Estamos organizando diferentes actividades, como la exposición sobre arquitectura alemana que está ahora mismo en la Ciudadela, que es impresionante.
El segundo, fomentar la colegiación, que todo el que salga de la Universidad entre al Colegio, porque es lo lógico. Y por otra parte, queremos tener una relación más próxima con las administraciones en general. La relación es buena, pero tiene un perfil bajo. Tenemos la presión constante de la actividad, y en ocasiones no es fácil mantenerla.
Otro de los puntos importantes para nosotros es la educación, la docencia, especialmente la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, que es de donde salen nuestros colegiados. Y por otra parte, la formación continua, que es una demanda del modelo plasmado en el Tratado de Bolonia, y de la Unión Internacional de Arquitectos (U.I.A.), que han definido, dentro de ese proceso, que sea el Consejo Superior y los Colegios de Arquitectos los que impulsen esa actividad.
Por último, queremos estar presentes en la sociedad. Somos una profesión claramente de servicio y la actividad que realizamos siempre tiene una dimensión social.
La dimensión social la dicta la utilización de la arquitectura. Las construcciones quedan a la vista, para bien o para mal, y ordenan el espacio que usa la gente. Esta dimensión la tiene siempre toda vivienda, y todo lo que se construye: también la acera por la que llegas a casa o el parque que la circunda. Por tanto el Colegio está interesado en que la sociedad considere al colectivo, por una parte, y al propio Colegio.
Es importante para el nivel arquitectónico de una Comunidad contar con una escuela. Aunque yo me gradué en Madrid, tengo que decir que la arquitectura en Navarra tiene un nivel muy alto. Es un lujo tener una escuela, del mismo modo que es un lujo tener la Escuela de Ingenieros de la UPNA. Las empresas están muy satisfechas con la formación de los jóvenes. Están firmando contratos a la salida de la escuela, y eso es una maravilla.
En Navarra se hace y se reconoce que hay buena arquitectura. Tiene que ver con que haya una escuela, y también con que haya muchos arquitectos, porque en Navarra hay un arquitecto por cada 600 habitantes. Tenemos una cantidad extraordinaria de profesionales bien preparados.
El Código Técnico ha sido muy importante, porque regula la forma de construir de forma exhaustiva. Un compañero me decía hace no mucho que la escalera, como objeto arquitectónico, ha muerto, porque el CTE impone tantas limitaciones que sólo se puede hacer un tipo de escalera. Esto nos parece excesivo, porque hay edificios que funcionan muy bien y tienen escaleras que no cumplen casi nada de lo que dice este código. O muy pocas cosas. Evidentemente, lo esencial lo están cumpliendo. A nadie se le ocurre hacer una puerta con menos de dos metros de altura, porque la gente se pega en la cabeza. En ese sentido nos parece que es una normativa excesiva. Y la prueba de que hay algo de verdad en esta opinión es que los boletines oficiales han ido sacando correcciones de errores sucesivamente. Hay muchas especificaciones, y demasiado pormenorizadas.
Como Colegio, si se construye menos, visamos menos proyectos. En la delegación de Navarra nuestros ingresos básicos son por las cuotas de visado. Por otra parte, si los arquitectos trabajan menos, viven peor.
¿Cómo nos influye? En general, los promotores pequeños se retiran del mercado y esperan a que cambie la situación. También afecta al particular. Al estar viendo esta perspectiva, prefiere guardar el dinero que tiene. Sin embargo el gran promotor que ha hecho una inversión enorme en suelo para una cantidad grande de viviendas, tiene que seguir adelante con el proyecto. Por lo tanto, lo proyectos que se mantienen son los grandes. Y la crisis afecta especialmente a los estudio de arquitectura pequeños.