Con el fin de facilitar su comprensión, desarrollo, utilización y actualización, el CTE se ordena en dos partes:
La primera contiene las disposiciones y condiciones generales de aplicación del CTE, exigencias básicas de calidad que deben cumplir los edificios para satisfacer los requisitos de seguridad y habitabilidad (seguridad estructural, seguridad en caso de incendio, seguridad de utilización, higiene, salud y protección del medio ambiente, protección contra el ruido y ahorro de energía y aislamiento térmico), documentos del proyecto y del seguimiento de la ejecución de las obras.
La segunda está formada por una serie de Documentos Básicos (DB) del Código, que contienen la caracterización de las exigencias básicas y su cuantificación, mediante el establecimiento de los niveles o valores límite de las prestaciones de los edificios o sus partes y unos procedimientos cuya utilización permite acreditar el cumplimiento de aquellas exigencias básicas, concretadas en forma de métodos de verificación o soluciones sancionadas por la práctica.
Para justificar que un edificio cumple las exigencias básicas que se establecen en el CTE puede optarse por:
La consecuencia más directa de esta normativa es la construcción de edificios más seguros desde el punto de vista estructural, protección contra incendios y utilización, que consumen menos energía porque sus cerramientos están mejor aislados, sus instalaciones térmicas y eléctricas son más eficientes, y parte del consumo para la producción de agua caliente sanitaria o para la electricidad proviene de captadores solares. Además, los cerramientos se protegen más de la humedad y contra el ruido.
La aplicación del Código supone un reto para los profesionales del sector debido a la complejidad de algunos documentos y sobre todo a la extensa documentación que hay que conocer, lo que motiva la necesidad de formarse y actualizarse en los nuevos requisitos y exigencias. Además, implica un mayor rigor documental en la redacción de los proyectos y en la ejecución de las obras. Sin embargo, también constituye una oportunidad para diseñar nuevas soluciones constructivas que mejoren la calidad y la sostenibilidad de la edificación, y un desafío a la imaginación para cumplir con las prescripciones del CTE (por ejemplo, limpieza de acristalamientos, barandillas, ...).
Por otra parte, se observan algunos problemas que sin duda afectan a su aplicación, como son:
Falta de un análisis transversal de los diferentes documentos básicos, para unificar y revisar criterios y soluciones constructivas. Por ejemplo, ¿cómo compatibilizar la ventilación básica en las viviendas (rejillas, aireadores) con el aislamiento acústico y el ahorro energético, etc…
Los procedimientos de verificación, en algunos casos no son claros en su explicación y en otros son complejos y requieren la utilización de herramientas informáticas que no funcionan correctamente o que por ahora no se han desarrollado.
Algunas de las soluciones constructivas planteadas, que se recogen en determinados Documentos Básicos (por ejemplo, HS1), son complejas, inaplicables y no garantizan la calidad esperada. A pesar de perseguir el objetivo de un Código por prestaciones, la parte II demuestra una orientación más prescriptiva que prestacional, donde los diferentes Documentos Básicos recogen soluciones constructivas concretas y definen materiales, productos y sistemas constructivos. En este sentido, y respecto al esquema normativo anterior, apenas supone un cambio conceptual.
El Código Técnico de la Edificación era necesario dentro del panorama actual de la edificación, con una normativa existente obsoleta debido al desarrollo de nuevas tecnologías, a la creciente exigencia de los usuarios y a la protección del medioambiente. Sin embargo, este CTE se concibe como un documento abierto que permitirá los necesarios ajustes y modificaciones, así como la incorporación periódica de nuevas soluciones y procedimientos de verificación. La experiencia en la aplicación del Código por parte de todos los participantes en el proceso edificatorio permitirá su orientación en el camino apropiado.
En consecuencia, el CTE, con el tiempo y con los oportunos reajustes, se va a convertir en motor de impulso de la calidad, de la innovación y el desarrollo tecnológico, así como de la sosteniblidad de la edificación y de su entorno.