La meta perseguida por la UE con esta política es desarrollar una economía que genere pocas emisiones de CO2 y consuma menos energía. Para lograrlo propone tres grandes objetivos:
Los medios que se plantean para lograr estos tres grandes objetivos se concretan en medidas que afectan a diferentes ámbitos, desde la producción de energía hasta la construcción de viviendas que necesitan menos energía para ofrecer un ambiente confortable.
A efectos prácticos, esto significa que deberá profundizarse muchísimo más en hacer el mejor aprovechamiento de todas las fuentes de la energía, de forma que se extraiga el máximo rendimiento posible de estos recursos energéticos. Además, hay que tener en cuenta que en muchos casos estas soluciones implican verdaderas posibilidades de negocio y generación de empleo autóctono. En este sentido, cabe destacar que Navarra produce mediante fuentes renovables el equivalente a dos tercios de la electricidad que consume, cuando hace diez años apenas era un tercio. Y una parte de esa electricidad renovable se obtiene a precios muy competitivos comparada con la obtenida a partir de combustibles fósiles.
Centrándonos en el sector de la construcción, la Directiva 2002/91 sobre eficiencia energética en los edificios ya apuntaba en esta misma dirección, tratando de reducir los consumos de un sector (la edificación) que en Navarra es responsable de casi el 30% del consumo de energía. Y más del 80% de este consumo se produce para mantener la casa confortable (calefacción) y tener agua caliente sanitaria.
Esta Directiva se ha transpuesto en España mediante tres normas distintas:
En principio el cumplimiento de estas nuevas normativas podría ser suficiente para que la contribución del sector de la construcción y edificación a los objetivos planteados por Europa pudiera alcanzarse. De hecho, el consumo de un edificio que cumpla esto puede ser fácilmente la mitad de uno que no lo cumpla sin necesidad de recurrir a soluciones muy costosas. Además, hay que tener en cuenta que las tres normas anteriores no inciden sólo en la obra nueva, sino que tendrán incidencia en los edificios existentes:
Las nuevas normas (CTE/RITE/certificación energética) ya deberían hacerse notar en la forma de diseñar, proyectar y construir nuestros edificios, en aras de una mayor eficiencia energética. Tanto los conocimientos de los técnicos del sector como las características técnicas de materiales e instalaciones hacen esto perfectamente posible a un coste muy razonable. Conociendo el sector, es comprensible que haya un periodo de ajuste, pero nunca debería ser superior a dos años si tenemos en cuenta el retraso que, en algunos casos, llevamos acumulado.
Nunca hay que olvidar que un edificio se construye una sola vez y se utiliza décadas, por lo que sin duda merece la pena hacerlo bien. Sin olvidarnos de los aspectos medioambientales, un edificio bien proyectado y ejecutado proporciona a sus ocupantes el confort térmico que precisan con unos gastos en calefacción y energía razonables. Si todos los agentes implicados (promotores, proyectistas, constructores y administraciones) interiorizan esta idea, ya habremos recorrido una gran parte del camino.